DRA. ASCENSION PALOMARES RUIZ
CATEDRÁTICA
DEFENSORA DE LOS DERECHOS HUMANOS
En los últimos tiempos, el debate sobre la navaja ha vuelto a ocupar conversaciones en Albacete. A menudo, cuando se habla de ella desde fuera, se hace desde el desconocimiento, reduciéndola únicamente a un objeto asociado al peligro o a la violencia. Sin embargo, para miles de albaceteños y albaceteñas, la navaja representa algo muy distinto: historia, identidad, tradición y artesanía.
Hablar de la navaja en Albacete es hablar de generaciones enteras de cuchilleros que levantaron talleres familiares con esfuerzo, paciencia y talento. Es hablar de un oficio transmitido de padres a hijos —y hoy también a hijas— que convirtió a nuestra ciudad en referente internacional de la cuchillería. Detrás de cada pieza hay horas de trabajo manual, diseño, técnica y pasión.
La navaja forma parte del alma cultural de Albacete igual que la Feria, el Recinto Ferial o el propio río Júcar forman parte de nuestra memoria colectiva. No es solo una herramienta ni un souvenir turístico: es un símbolo reconocido dentro y fuera de España, una expresión artística y un legado que merece protección y respeto.
Por supuesto, cualquier uso irresponsable de un objeto debe ser condenado. Pero sería injusto identificar toda una tradición centenaria con hechos aislados o comportamientos incívicos. Nadie cuestiona el valor cultural de otros elementos históricos por el mal uso que algunas personas puedan hacer de ellos. Con la navaja albaceteña debería ocurrir lo mismo.
Además, el sector cuchillero continúa evolucionando. Nuevos artesanos, diseñadores y escuelas trabajan para adaptar esta tradición al siglo XXI, apostando por la innovación, la formación y la apertura a nuevas generaciones. Hoy, la cuchillería también puede convertirse en una oportunidad cultural, educativa y profesional para jóvenes que buscan un futuro ligado a la creación artesanal.
Defender la navaja de Albacete no significa mirar al pasado con nostalgia, sino comprender que nuestro patrimonio también necesita futuro. Porque una ciudad que olvida sus oficios acaba perdiendo parte de su identidad.
La navaja albaceteña no debería verse únicamente como un filo. Debería contemplarse como lo que realmente es: una pieza de nuestra historia.